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Cinco minutos antes de llamar a un cerrajero

Buena parte de los avisos que recibo se podrían haber resuelto sin mí, o costar la mitad. Esto es lo que conviene mirar antes, dicho por quien pierde dinero contándotelo.

1. ¿Hay una copia a menos de veinte minutos?

Parece obvio y es lo primero que se olvida cuando uno está nervioso en el rellano. Pareja, hijos, padres, el vecino de siempre, el administrador de la finca, el compañero de piso que está en el trabajo. Una llamada de treinta segundos es gratis; yo no.

Si vives solo y no hay nadie con copia, ése es justo el perfil que más gana dejando una llave en casa de confianza después. No cuesta nada y ahorra el siguiente susto entero.

2. Mira cómo está cerrada la puerta

Es el dato que más mueve el precio de una apertura y casi nadie lo dice al llamar. Una puerta cerrada de golpe —el resbalón, ese pestillo con forma de cuña que entra solo— es un trabajo rápido. Una puerta con la llave echada, con los bulones metidos en el marco, es otra cosa y cuesta más.

Cómo saberlo sin ser técnico: empuja la puerta. Si se mueve un poco en el marco y notas juego, está de golpe. Si está firme como un muro, está echada la llave.

3. Comprueba las otras entradas antes de dar nada por perdido

En casas con jardín, garaje o terraza a pie de calle, más veces de las que parece hay una ventana o una puerta trasera abierta. Da una vuelta antes de que alguien coja la moto.

En pisos, mira si tienes acceso al patio de luces o si algún vecino comparte terraza. No es la solución habitual, pero es gratis mirarlo.

4. Si la llave se ha partido, para

Es el error más caro de todos. La mitad de la llave se queda dentro del bombín y el instinto es intentar sacarla con unas pinzas o con otra llave. Lo que se consigue casi siempre es empujarla más adentro y dañar los pitones, y entonces lo que era extraer un trozo de llave pasa a ser cambiar el bombín entero.

Déjala como está y manda una foto. Muchas veces se saca en un minuto con una herramienta de extracción, sin cambiar nada.

5. Manda una foto del bombín

De frente y, si puedes, de canto con la puerta abierta. Con eso se sabe la marca, la medida y si es de seguridad, y por tanto se sabe qué hay que llevar y cuánto cuesta antes de salir.

Es la diferencia entre un precio cerrado por escrito y un «ya veremos al llegar», que es la frase que abre la puerta a todo lo que no quieres.

Preguntas frecuentes

¿Y si al final resulta que no hacía falta?
Mejor. Si el problema se resuelve por WhatsApp, se resuelve por WhatsApp y no cuesta nada. Si ya había salido alguien, hay un precio de desplazamiento con diagnóstico que se dice antes de moverse, nunca después.
Estoy muy nervioso y no me acuerdo de nada de esto.
Normal. Escribe lo que puedas y ya te voy preguntando yo: cómo está cerrada, si hay alguien con copia y qué se ve en el bombín. Para eso está la conversación.
¿Por qué me cuentas cómo no llamarte?
Porque el que lee esto hoy y no me necesita es el que me escribe dentro de dos años cuando sí. Y porque la alternativa —dejar que pagues algo que no hacía falta— es exactamente lo que hace que este oficio tenga la fama que tiene.

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